LA IMPORTANCIA DE LA MEDIACIÓN

En este nuevo artículo cuento con la colaboración de mi compañera Mari Carmen García Barros, abogada del Real e Ilustre colegio de abogados de Zaragoza y anterior mediadora en intermedia.ulpgc, Servicio de Mediación, Resolución de Conflictos, Intervención y Preservación familiar de la ULPGC.

Nuestra experiencia profesional nos ha evidenciado la gran apuesta que supone la mediación para resolver cuestiones que habitualmente acaban en los juzgados. Con la finalidad de hacerla más visible y acercarla a los potenciales usuarios, de difundir la figura del mediador y los beneficios que entraña el proceso, nos hemos animado a compartir este post.

Historia de la mediación

La palabra “mediación” deriva del latín medius-medium, que significa “en el medio” y es uno de los procesos que pretenden la solución extrajudicial de los conflictos. Es decir, que las partes voluntaria y libremente se sientan a abordar el problema o conflicto que les enfrenta, mediante las decisiones que van adoptando y que finalmente rubrican. No necesitan litigar ante un tribunal, de ahí la concepción de extrajudicial.


El conflicto es algo innato a nuestra naturaleza y a la propia interacción social. Está presente en el día a día y en cualesquiera de los ámbitos en que nos encontremos (familiar, laboral, escolar, vecinal, institucional…). Y como tal hay que afrontarlo: como algo propio que tiene que ver con nosotros, con nuestros intereses y necesidades, algo que podemos MIRAR para comprenderlo y, de ese modo, transitarlo con el menor impacto posible. Lo importante del conflicto es gestionarlo de forma apropiada y con la amplitud suficiente para atenderlo desde diversas ópticas, no ciñéndonos a una única solución sino abriéndonos a tantas fórmulas como el proceso y la creatividad permitan.


En caso de obviarlo y no mirarlo, corremos el riesgo que se enquiste, se repita y que nuestras posturas se vuelvan cada vez más antagónicas. No en vano algún autor dice que conflicto equivale a “desmadre” pues sostiene que es lo que ocurre en la casa cuando la madre se ausenta: el caos total. Caos externo, pero también interno, dado los efectos negativos que provoca en nuestro bienestar personal.

No obstante, no todos los conflictos son susceptibles de someterse a mediación (por ej. aquéllos donde existe violencia de por medio) pero eso será objeto de sucesivos posts.


Aunque pueda parecer algo novedoso, la mediación se ha dado desde tiempos inmemoriales y en prácticamente todas las culturas. Pensemos si no en el jefe indio Cheyenne que actuaba como pacificador y mediador para solucionar cualquier riña que surgiese en el campamento o en el anciano de la tribu al que se sometían las cuestiones más polémicas entre sus moradores. Ya en la antigua China, Confucio instaba a las personas a someterse a mediación en lugar de acudir a los tribunales, con la advertencia de que la litigación causaba resentimiento entre las partes y les impedía cooperar entre sí. Recomendaba que buscasen un pacificador neutral que les ayudase a alcanzar un acuerdo.

¿Qué es la mediación?

La mediación consiste básicamente en un proceso a través del cual las personas que mantienen un conflicto (conflicto interpersonal) acuerdan resolverlo por sí mismas, en un entorno de confidencialidad y seguridad, mediante la toma de decisiones sobre las materias que les enfrentan. Para conseguirlo cuentan con la ayuda de un tercero, el mediador, que les conduce hacia su objetivo.

El mediador o tercero que está “en el medio” NO toma decisiones, NO aconseja, NO interviene, no es más que es un guía a disposición de las partes para que elaboren un relato común donde ambas converjan y, desde la igualdad y el respeto, puedan construir sus propios acuerdos.


En esencia, el mediador ayuda a establecer un puente de comunicación entre los mediados, dado que la facultad de comunicar es la primera herramienta que ha sido suprimida y la más importante de todas. Porque es el punto de partida. No en vano, ya decían en la maravillosa película “La llegada” (2016) que” la lengua es la piedra angular de la civilización”. Y convendremos todos que no hay ser más civilizado que aquel que resuelve sus conflictos mediante el arma poderosa de la palabra.


El mediador es un profesional con formación académica y adscrito a un colegio profesional, con experiencia y capacitación suficientes, que debe figurar inscrito en un registro de mediadores. Es, por tanto, un especialista en este tipo de procesos. Su papel es tan importante que debe ser imparcial, esto es, sin posicionarse por alguna de las partes y mantenerse ajeno a su proceso de deliberación. Lo realmente importante es su “tutelaje” sobre el proceso, la observación activa sobre la forma de relacionarse los mediados para evitar que haya desequilibrios o diferencias de poder, o que los argumentos de uno prevalezcan sobre el otro. La igualdad entre ellos es un principio esencial del proceso.


Para una mejor consecución de estos objetivos es muy beneficiosa la práctica de la co-mediación, es decir, la existencia de dos mediadores que conjuguen sus fortalezas y conocimientos, su bagaje y experiencia, procedente de disciplinas diversas. Muy aconsejable es que, en todo caso, haya un mediador letrado que explique los pros y contras de los argumentos y su encaje legal, dado que en la mayoría de las ocasiones los pactos que las partes alcanzan deben ser homologados judicialmente (pensemos, p.ej. en un acuerdo de divorcio con atribución de domicilio conyugal y custodia compartida de menores, o en el reparto y adjudicación de una herencia).


Beneficios de la mediación.

Las ventajas de la mediación son las siguientes:

1.- Se ahorra tiempo en obtener la satisfacción de los intereses, dado que no se aconseja que el proceso de mediación dure más de tres meses.

2.- Se ahorran los costes (y posibles costas) judiciales pues no es necesario nombrar abogado ni procurador, ni peritos forenses ni es necesario asumir el pago de tasas judiciales.

3.- Se ahorran costes emocionales. A menudo la carga emocional que conlleva un procedimiento judicial, especialmente si se trata de derecho de familia, supone un elevado desgaste que no siempre se compensa con una sentencia a favor.

4.- Se evita la polarización ganador-perdedor, pues dado que ambas partes han convenido la forma más provechosa de resolver su disputa, ambas se sienten vencedoras - o al menos no perdedoras – de los acuerdos que han alcanzado.

5.- Se abren más posibilidades de resolución, dado que no existe un condicionamiento previo a la hora de explorar opciones y que los mediados pueden ser creativos a la hora de establecer pautas de actuación o futuras interacciones. Por el contrario, en una sentencia judicial se resuelven las cuestiones tal y como figuran en los escritos de demanda o contestación pues el juez está vinculado por ellas, por su particular petitum.


Aunque para nosotras, por encima de todas las ventajas, destaca una:

6.- La autonomía y la libertad en la toma de decisiones, qué hacer y cómo hacerlo sin que otro me obligue a ello. Lo que nos entronca directamente con el empoderamiento, es decir, yo me hago cargo y decido sobre aquello que me afecta. Yo tengo poder y no necesito acudir a un tercero ajeno a mi problema porque yo soy capaz de resolverlo.


Y todo ello redunda positivamente en el cumplimiento del acuerdo y la falta de sucesivos recursos o ejecuciones forzosas, porque aquello que las partes han decidido voluntaria y libremente, le interesa llevarlo a cabo. Se da, entonces, el poderoso axioma a veces olvidado: la palabra es ley entre las partes.

Y todos nos enorgullecemos de ser leales a la palabra dada: afianza nuestra estima y potencia nuestra confianza.


La mediación no es terapia, pero sí tiene efectos terapéuticos porque ¡cuántas veces no hemos iniciado una discusión porque lo que necesitábamos era que nos escucharan, que reconocieran nuestra idea, nuestra queja, nuestro dolor o nuestra pretensión! En realidad sólo necesitábamos, que nos MIRARAN. Cuando cada una de las partes habla de lo que le pasa, lo que quiere, lo que le interesa, cuando es tenida en cuenta, se genera un movimiento sutil que provoca que algo se modifique. No es primordial que se resuelva el conflicto por entero (no es necesario profundizar en sus últimas causas) pero algo ha cambiado en cada uno, en su posicionamiento y en su mirada. Se ha sentido parte e importante. Porque se ha sentido escuchado y reconocido. Ese es el principio.

Esperamos os haya resultado interesante este post. Cualquier duda no olvidéis contactarnos a través de los comentarios de este post, de los formularios de contacto de la web o en los correos electrónicos mcarmenbarros@reicaz.com /y saramadurga@reicaz.com.También a través del teléfono 684226327, estaremos encantadas de ayudaros.




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